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Introducción
La industria marítima y la producción de cemento son dos de los sectores más contaminantes del planeta, responsables del 3% y 7% de las emisiones globales de CO₂ respectivamente. Sin embargo, una nueva tecnología desarrollada por Seabound promete transformar radicalmente este escenario. A través de un sistema de captura de carbono instalado en buques, esta innovación convierte las emisiones en piedra caliza reutilizable en la industria cementera.
Este artículo analiza en profundidad cómo esta solución, basada en el proceso químico conocido como calcium looping, está marcando un antes y un después en la lucha contra el cambio climático. Exploraremos su funcionamiento, implementación logística, impacto económico y potencial de escalabilidad en el contexto regulatorio internacional.
1. ¿Qué es el sistema Seabound?
Seabound ha desarrollado un sistema modular de captura de carbono diseñado específicamente para buques. Utiliza contenedores estándar que se instalan en la cubierta de los barcos, sin necesidad de modificaciones estructurales significativas. Este diseño permite una integración ágil y de bajo costo en flotas existentes.
El sistema funciona haciendo pasar los gases de escape por una cámara que contiene pélets de hidróxido de calcio. Allí, el CO₂ reacciona químicamente y se convierte en piedra caliza (CaCO₃). Esta forma sólida es estable, fácil de manejar y tiene valor industrial como materia prima.
Seabound ha reportado una eficiencia del 78% en la captura de CO₂ durante pruebas piloto, con proyecciones que alcanzan el 95% en condiciones comerciales. Además, elimina más del 90% de dióxido de azufre, contribuyendo a una reducción significativa de contaminantes atmosféricos.
2. El proceso de calcium looping
El calcium looping es una reacción química entre el dióxido de carbono y el hidróxido de calcio. Cuando el gas pasa por la cámara del sistema Seabound, ocurre la siguiente reacción: CO₂ + Ca(OH)₂ → CaCO₃ + H₂O. Como resultado, el CO₂ queda atrapado en forma de piedra caliza, un material estable y no tóxico.
Una de las ventajas clave de este proceso es su bajo requerimiento energético en comparación con otros métodos de captura que licúan el CO₂. Esto no solo reduce los costos operativos, sino también la huella energética del propio sistema.
En términos prácticos, por cada tonelada de CO₂ capturado, se consumen aproximadamente 1.4 toneladas de hidróxido de calcio. Este equilibrio químico permite calcular con precisión las necesidades logísticas y energéticas del sistema.
3. Caso de estudio: El buque UBC Cork
El UBC Cork es un buque cementero de 5,700 toneladas brutas que ha sido el primero en implementar el sistema Seabound. Durante sus viajes, captura CO₂ mientras transporta cemento terminado. En el viaje de regreso, lleva hidróxido de calcio como “combustible” para la siguiente ronda de captura.
Este circuito cerrado convierte al UBC Cork en una plataforma de descarbonización flotante. La piedra caliza generada se descarga en la planta de Heidelberg Materials en Brevik, Noruega, donde se reutiliza como materia prima, cerrando el ciclo de carbono de forma circular.
Esta solución logística reduce costes de transporte, maximiza la eficiencia del sistema y crea un modelo replicable para otras rutas marítimas similares.
4. Valor agregado en la producción de cemento
La piedra caliza producida por el sistema Seabound no es un residuo, sino una materia prima valiosa para la producción de cemento. Esto representa un beneficio económico directo para empresas como Heidelberg Materials, que pueden reducir su dependencia de recursos vírgenes.
En la planta de Brevik, esta piedra caliza sustituye parcialmente a la roca caliza extraída, disminuyendo así la huella ambiental del proceso cementero. Además, al integrarse en una planta que ya cuenta con infraestructura CCS (captura y almacenamiento de carbono), se genera un efecto multiplicador en eficiencia ambiental.
Este enfoque de economía circular demuestra cómo dos industrias altamente contaminantes pueden colaborar para mitigar sus impactos ambientales de forma conjunta.
5. Almacenamiento geológico con Northern Lights
En los casos donde la piedra caliza excedente no se utiliza, el CO₂ capturado es enviado al proyecto Northern Lights, una iniciativa de almacenamiento geológico subterráneo liderada por Equinor, Shell y TotalEnergies. Este almacén se encuentra a 2,600 metros bajo el lecho marino en Noruega.
Northern Lights está diseñado para recibir CO₂ por tuberías submarinas desde plantas industriales y también mediante transporte marítimo. Esta flexibilidad lo convierte en un punto neurálgico para la infraestructura CCS europea.
La proximidad entre Brevik y Northern Lights (solo 100 km) reduce significativamente los costes logísticos, haciendo factible la implementación masiva de este modelo.
6. Viabilidad económica del modelo
La inversión inicial en el sistema Seabound puede parecer elevada, pero el ahorro en multas por emisiones y la posibilidad de generar ingresos por la venta de piedra caliza mejoran rápidamente su retorno.
Con el nuevo marco regulatorio de la IMO, el precio del carbono alcanzará los $380 por tonelada en 2025. Esto significa que un solo buque que capture 1,000 toneladas al mes podría evitar multas por $380,000 mensuales.
Además, al integrar créditos fiscales como los del programa Longship en Noruega, los costes operativos se reducen aún más, haciendo que la inversión se amortice en menos de cinco años en muchos casos.
7. Marco regulatorio global
La Organización Marítima Internacional (IMO) está endureciendo rápidamente las normativas ambientales para el transporte marítimo. A partir de 2025, se exigirá una reducción significativa de emisiones y se aplicará un precio global del carbono.
Estas regulaciones están creando un entorno propicio para tecnologías como la de Seabound, que permiten a las navieras cumplir con los nuevos estándares sin modificar radicalmente sus buques o cambiar a combustibles alternativos aún no maduros.
El sistema Seabound ofrece una solución “puente” efectiva para cumplir con estas normativas mientras se desarrollan tecnologías de cero emisiones como el hidrógeno o el amoníaco.
8. Escalabilidad del sistema
Seabound ha planteado una hoja de ruta ambiciosa: capturar 100 millones de toneladas de CO₂ anuales para 2040. Esto equivaldría al 10% de las emisiones actuales del transporte marítimo global.
La clave para alcanzar esta meta será la expansión de infraestructura portuaria, centros logísticos regionales y la estandarización del sistema para distintos tipos de buques. Pilotos adicionales ya se han realizado con compañías como Hapag-Lloyd y Lomar Shipping.
La modularidad del sistema facilita su adaptación a diversas rutas y necesidades operativas, permitiendo una implementación escalonada y progresiva.
9. Beneficios para navieras y operadores
Para las navieras, adoptar el sistema Seabound no solo representa una solución ambiental sino también una ventaja competitiva ante el endurecimiento normativo. Las empresas que se anticipen podrán beneficiarse de incentivos fiscales y evitar sanciones.
Además, iniciar pilotos en rutas fijas entre puertos con infraestructura CCS puede maximizar el retorno de inversión y facilitar la integración logística.
La capacidad de capturar y valorizar emisiones transforma los buques en activos más rentables y sostenibles.
10. Oportunidades para productores industriales
Los fabricantes de cemento y otras industrias intensivas en carbono pueden formar alianzas estratégicas con operadores marítimos para aprovechar esta tecnología. Al compartir los beneficios económicos y ambientales, se fortalecen las cadenas de suministro sostenibles.
Ubicar nuevas plantas cerca de hubs CCS como el de Brevik facilita la logística e incrementa la eficiencia operativa. Este modelo puede replicarse en otros clústeres industriales de Europa, Asia y América.
Las sinergias creadas entre transporte y producción permiten una transformación sistémica de alto impacto ambiental positivo.
11. Rol de los gobiernos y reguladores
Los gobiernos tienen un papel clave en acelerar la adopción de tecnologías como Seabound. Medidas como créditos fiscales, subsidios a infraestructura portuaria y programas de innovación colaborativa pueden reducir barreras de entrada.
Extender mecanismos como Horizon Europe o Eurostars a proyectos integrados de transporte y producción impulsaría el desarrollo de soluciones sostenibles de forma más eficaz.
Además, una regulación clara y previsible permite a los inversores planificar con mayor seguridad sus estrategias de transición energética.
12. Conclusión: Un modelo replicable y escalable
La propuesta de Seabound representa un modelo de innovación circular único en su tipo. Al capturar CO₂ durante el transporte y reutilizarlo en la producción, se crea un flujo cerrado que reduce emisiones de dos sectores simultáneamente.
Este modelo no solo es técnica y económicamente viable, sino también escalable y adaptable a otros contextos globales. Su éxito dependerá de la colaboración entre operadores, productores y gobiernos.
En un contexto de urgencia climática, soluciones como esta ofrecen un puente realista hacia una transición energética industrial justa, inclusiva y sostenible.





